IMPORTANCIA DE LA INVESTIGACIÓN
En el campo educativo se encuentran dos tipos de investigación que tienen como objeto de estudio el aula y las relaciones pedagógicas, socioculturales, sociodemográficas y políticas que tienen lugar en el espacio educativo: la investigación educativa y la investigación pedagógica. La investigación educativa se entiende como “aquella producción de conocimiento que se ubica en los términos más amplios de la vida social e involucra los campos teóricos y disciplinares de la sociología, la psicología, la antropología y la economía” (Calvo, Camargo & Pineda, 2008).
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Según Herrera (2013) “la pedagogía y las acciones se convierten en objeto de estudio a partir de la preminencia del método hipotético-deductivo, que consiste en formular hipótesis desde un cuerpo de conocimientos ya constituido y en constatar estas hipótesis con la realidad, a través de experimentos”
Esta situación pone de manifiesto algunas diferencias entre la investigación pedagógica y los procesos investigativos llevados a cabo en el aula (investigación educativa). Tales diferencias gira en torno a tres elementos centrales, a saber, el productor del conocimiento científico (relación del investigador frente a la realidad educativa), los propósitos de los procesos investigativos, y la relación entre lo macro y lo micro de los ejercicios de investigación mismos.
Ambas formas de investigación sobre asuntos educativos representan estrategias fundamentales para la comprensión y transformación de la educación en diferentes niveles y contextos. Es así como, más que abogar por escoger alguna de estas alternativas, lo fundamental es promover el uso complementario en los diferentes escenarios académicos y educativos de los saberes descritos con anterioridad. De esta forma, el maestro logrará apropiarse de su rol como investigador, sistematizar, analizar e innovar su práctica pedagógica, y de igual manera, la investigación educativa podrá respaldar las conclusiones y hallazgos de las disciplinas externas al espacio escolar para potenciar los debates y mejoras de los diferentes procesos educativos.
Autores como Stenhouse (2007) y Elliot (2000) hacen énfasis en las posibilidades educativas asociadas al desarrollo de la investigación académica como parte de la práctica docente en dos puntos clave: en primer lugar, la construcción de un acervo de conocimiento amplio que integre las diferencias y similitudes (en diferentes dimensiones), por medio del estudio de contextos educativos disímiles, sólo posible por la experiencia directa del docente en las instituciones educativas. En segundo lugar, el mejoramiento de las realidades al interior de cada escenario formativo. Al convertirse en un investigador, el maestro puede identificar aquellos elementos que interfieren en el logro de las múltiples formas del "éxito escolar" y al aprendizaje continuo de la labor docente en un proceso simultáneo. Como la advierte Stenhouse (2007),
"la investigación no puede perfeccionar la enseñanza sin ayudar al profesor a desarrollar las destrezas en un contexto de criterio" (p. 79).
FORMACIÓN EN INVESTIGACIÓN
En este contexto, se requiere promover el uso de herramientas investigativas en las aulas, que cada docente, de manera autónoma y a partir de su saber pedagógico, se constituya en un investigador de los currículos que aplica en su ejercicio profesional. Ser capaz de realizar una lectura de los escenarios educativos y el ejercicio mismo de la investigación permitirá transformar las prácticas pedagógicas y el mejoramiento de los aprendizajes de los estudiantes. Asimismo, será posible consolidar comunidades de docentes como verdaderos grupos de investigación que atienden con pertinencia las realidades educativas de cada espacio educativo.
En el momento se pretende que el docente asuma su papel de recolector de técnicas investigativas para reflexionar, con rigor científico, sus prácticas pedagógicas. En efecto, generar capacidades investigativas en los maestros contribuye a la construcción de currículos pertinentes (Stenhouse, 2007; Elliot, 2000), así como al mejoramiento de la calidad educativa en general (Munevar, Quintero & Federman, 2002; Fundación Compartir, 2014).
La idea de crear Comunidades de Aprendizaje Docentes en torno a técnicas de investigación está orientada a generar verdaderos grupos de investigadores dentro de los Establecimientos Educativos, y con esto, a la consolidación de una cultura académica-investigativa alrededor del oficio docente.
En la cotidianidad del aula, el docente se enfrenta a múltiples escenarios que retan el desarrollo armónico de los procesos formativos. De igual manera, es importante reconocer las buenas prácticas, aquellas experiencias exitosas que tienen lugar en los Establecimientos Educativos, y que deben pasar por un proceso de reflexión para ser comunicadas al resto de la comunidad educativa.
La principal razón para los docentes investigar es resolver los problemas que enfrentan cotidianamente en su labor como lo refiere (Carr, 2006) un rasgo particular de muchas investigaciones pedagógicas es su vocación empírica. Por esta razón, se propone desde la labor que el docente aborde algunas herramientas para la generación de conocimiento que contribuyan a planear las investigaciones pedagógicas, así como a crear opciones para la solución de los problemas educativos.


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